La Habitación y El Regalo

el regalo

 

El crecimiento urbanístico desmedido de la ciudad que tocó elegir para pasar parte de la  semana de vacaciones deja un efecto que sí es bien recibido, cines grandes. Como incentivo para volver, te dan un cupón con descuento para los días siguientes que,  gente despistada y con cierto pesimismo para lo  cotidiano como yo, da por perdido demasiado pronto entre los papeles de la cartera, seguro que es un hecho que no descuidan los gestores de nuestras pulsiones consumistas, así que volvemos a pagar 15 euros por dos entradas.

Pero “La habitación” desde el comienzo, hace que te olvides del  precio de la entrada, y un poco antes, el trailer de “El Regalo” nos anima a planear volver  antes de dejar la ciudad, en parte por el bono de descuento (que no usaremos). En la primera se expone, con el sentimentalismo justo, la  trágica  historia de retención y violencia de una adolescente, que deja de serlo mientras  transforma su cautiverio en un universo de fantasía y diversión para Jack, su hijo de 5 años, que es,   prueba inevitable de la monstruosidad y,  a la vez, el más poderoso aliciente para no morir de pena, de asco….ella no sabe cómo ni cuando, sólo sabe que cualquier posibilidad pasa por no privar a su hijo ni de un instante de niñez despreocupada y rica en juegos, y lo hace con tal entrega e inteligencia, que le costará días convencer al niño de que puede haber un mundo mejor fuera de aquel espacio. Te va a encantar, el mundo, le dice, sin transmitirle nunca el más mínimo miedo, que guarda para ella sola.

Me maravilla el amor materno capaz de multiplicar, hasta el infinito, el valor para proteger al hijo de tormentos que nunca debería soportar un niño, debería ser una regla sagrada de la maternidad, de la vida, pero no siempre lo es. Me acuerdo ahora de esos estudios que dicen haber comprobado cómo madres son capaces de recabar la fuerza precisa para levantar un camión que aplasta a su hijo, también, volviendo a la película, recuerda al mundo ficticio creado por Guido Orefice en La Vida es bella, para aislar a su hijo del terror antisemita. La inocencia infantil siempre debería estar a salvo del terror.

El regreso al mundo de madre e hijo no está libre de contratiempos vitales, como es lógico esperar, incluido el apego por la cueva, pero como si todo el valor que ella depositó en su hijo pudiera ser ahora devuelto o repartido entre ambos, el niño le ayuda a creer que se puede vivir sin miedo, porque la angustia prolongada siempre pasa factura y el valor por grande que sea, no siempre nos libra de los efectos traumáticos de vivir un tiempo amenazados, pero entre los dos, y tirando de la unión generosa que los hizo salir del infierno, logran el equilibrio de partida para empezar de nuevo, juntos, pero no solos, en el mundo.

Por otro lado, “El Regalo” nos muestra, a través de tres perfiles emocionales, una historia de dolor profundo y ánimo de venganza. El guión logra con maestría que todos  tengan razón por momentos, aunque,  finalmente a cada uno se le pueda atribuir su parte de culpa, o más bien concluir que todos tienen  culpa de algo, como suele ocurrir siempre.

La esposa sensible, dulce, con un carácter neurótico  que le lleva a dar demasiadas vueltas a las cosas, manteniendo al espectador durante un rato en la creencia de que dar tantas vueltas a la situación es exagerado, consigue dar por justificada su actitud, al descubrir que su marido es un trepa sin escrúpulos desde niño y sin ningún propósito de enmienda, que encuentra la legitimidad de sus actos en la consecución del fin deseado, caiga quien caiga en el camino. El amor y la admiración ceden ante esa realidad inesperada, y decide no verle más. Él deberá aprender que no todo vale, pero puede que no lo aprenda.

El tercero, que en realidad es el primero, dice creer en el ojo por ojo, y así actúa, ejecutando un plan de venganza para destruir la vida del vengado. Cree que si logra devolver el dolor que el primero le causó, calmará su propio dolor, que no le deja vivir. Creo que si viéramos la evolución del personaje más allá del cierre de la historia, le veríamos sufrir igual, y creo incluso que algo de eso hay en la intención de director y guionistas…..me temo que sólo la introspección, la aceptación de los rasgos personales que hacen que un hecho doloroso se convierta en un sufrimiento eterno e incapacitante, permiten superar el dolor y transformarlo en algo útil para salir adelante, porque la venganza se proyecta de dentro hacia afuera, y la curación sólo puede ocurrir por dentro.

O esa es mi opinión.

 

 

 

 

 

 

 

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