Espalda

columpio cortada

¿Recuerdas cuando eras pequeña y te dibujaba las cosas de la habitación en la espalda para que las adivinaras?. La pregunta contiene una declaración de amor infinito, a la desesperada,  de un hombre que sabe más hacer que decir, pero quiere decir…espero que sepas que siempre he querido hacerte feliz. Yo espero que él sea capaz de recibir sólo el amor, igual de infinito, que hay  detrás de mi “sí” despreocupado y con prisa para cambiar a cualquier otro tema trivial,  y que el reproche que también esconde, se diluya en el aire frío del patio, o se quede conmigo, porque es sólo mío.

En aquella casa no solía haber juguetes, no se iba al parque, no había dibujos animados. Cuando él salía temprano a trabajar, y hasta por la noche, todo se llenaba de “ella”,  y por la tarde había que volver del colegio. Él no supo hacerlo de otra manera…”trata bien a tu madre”, Rosa, me decía siempre. “Estos niños no me quieren”, “péinate, péiname, que yo no sé”, “sólo me regalas basura”, me decía ella.

Y muy lejos de ellos, la mujer a veces temblorosa que soy, hace reír a la niña asustada, le dice que los monstruos no existen, le canta, la ayuda a patinar, a llenar la cuota de niñez no vivida, y somos felices juntas, pero algunos días la niña no me quiere a mí,  y querría sólo volver a aquella  cama,  a adivinar los dibujos de las cosas de la habitación, y tener una historia diferente que contar.

 

 

 

A propósito de Antonio Banderas

estrellas

El pensamiento “positivo”  me obstina y algunas de sus consignas parecen  sacadas de una broma pesada, como: “puedes conseguir todo lo que te propongas, si te empeñas lo suficiente”, “si te estresas demasiado, enfermarás”, “si ya estás enfermo, pero ríes y cantas sin parar te curarás…pero si te enfadas  y no agradeces a la vida tu enfermedad, morirás pronto”. Prefiero un “…..ríete de todo lo que puedas para trivializar lo que nos hace sufrir, lo de fuera y lo de dentro…”. A  mi, al menos, me produce un efecto absolutorio, aunque  tampoco funciona siempre, así que también tiro del “….si  me equivoco, tendré que perdonarme” . Humor y perdón, resumiendo.

Esa teoría del optimismo desmedido y, diría yo, ciego, lleva consigo una peligrosa semilla de sufrimiento y frustración , me temo, porque  nos quiere sumergir en un individualismo tan absoluto, que cada uno es único responsable de lo bueno o malo que le ocurra, olvidando mil factores ajenos a la voluntad, que concurren en cualquier acontecimiento vital. Entonces puede resultar que si el cáncer no se te cura es porque no te has visualizado curado lo suficiente, y no sólo tienes un cáncer sino una ineptitud emocional para resolver tus problemas, y así con mil cosas. ¿No será más conveniente moderar la exigencia de bienestar y éxito y buscar fórmulas para lidiar de manera saludable con lo que no podemos  controlar?

Pensando en todo esto, leo una entrevista a Antonio Banderas que se ha hecho viral sobre cómo “soñar muy fuerte” es la clave del éxito, y es “lo que hace un país”, junto con la capacidad de “levantarse siempre”. Banderas parte de una estadística reciente cuyo resultado es que en Estados Unidos,  el 75% de los jóvenes quiere ser emprendedor y el mismo porcentaje en España quiere ser funcionario, y parece que participa de esa idea tan extendida de que querer ser funcionario es un sueño cómodo. Es parte de lo que nos han dejado unos años de neoliberalismo económico salvaje que degrada los servicios públicos, la eficiencia, que tantos recortes ha justificado. También será fruto del coaching, esa filosofía que asegura el triunfo con unos pocos trucos.

Quitando que las enormes diferencias entre los sistemas públicos estadounidense y español tendrán algo que ver en esos porcentajes, no sé qué entienden los defensores de la emprendeduría como casi única opción digna en la vida, por levantarse siempre, pero me parece que es un ejercicio que practica un opositor muchas veces en cada uno de sus largos días de estudio, no digamos ya cuando tiene que volver a empezar tras suspender. Precisamente creo que lo que hace es soñar tan fuerte que pueda defenderse de la incertidumbre total que supone su elección y que tan mal maneja la mente humana.

Parece que para reconocer el valor que tiene ser emprendedor, que lo tiene y mucho, haya que denigrar la otra opción y hacerla inválida.  Para mí que un país también se hace de jueces que pasan años de encierro opositor, y que con todo rigor, dictan sentencias que eliminan enormes injusticias, como la que ha recaído en el día de hoy que contra los abusos de la banca (por cierto, en EEUU se elige a los jueces por votación tras campaña), de profesores que aman su disciplina y son capaces de despertar vocaciones, que pasan tardes y noches corrigiendo exámenes, de médicos, enfermeros, etc….que nos alargan y mejoran la vida, la de los emprendedores también, o al menos, yo quiero un país hecho también de eso, y en mi labor de empleada pública nunca se me ha olvidado quien me paga y para qué. Supongo que no es mala señal que en España  tengamos un sistema público en el que la mayoría elige lo público y no por necesidad, sino por calidad, casi mutilado en los últimos años, pero en pie.

¿Menos juicios de valor y más respeto por todas las opciones? porque todas requieren esfuerzo, todas se necesitan entre sí, y en las motivaciones humanas intervienen tantos factores, que no pueden categorizarse en tres minutos de entrevista. Me preocupa más que se haya hecho viral  el juicio de Banderas (al que por cierto admiro),  que la cifra del 75%.