Sexo y mercado

 

 

sym

“La prostitución es un servicio de ocio como otro cualquiera”. Me lo dijo hace días un hombre inteligente y sensible. La idea ha ido dando tumbos en mi cabeza mientras conjeturaba sobre  qué opinión tendrían  sobre ella las personas con que he hablado este fin de semana en Madrid,  no le he preguntado a ninguna. Es de esos temas sobre los que uno incluso teme opinar hasta  que se encuentra con una idea que lo hace inevitable. Hablábamos de la prostitución femenina,  mafias de trata aparte, lo que ya sitúa el asunto muy lejos de la realidad, pero bueno.

No descarto que haya en mi alguna dosis de puritanismo inconsciente que conviva con mi apoyo rotundo al disfrute libre del cuerpo, del sexo, de todo el sexo posible, ….pero consentido, por favor, y deseado. Se escucha que es el oficio más viejo del mundo como argumento de legitimación de su demanda y su oferta, y los partidarios de su legalización sostienen que lo indigno no está en la actividad en sí, sino en la falta de regulación, incluso se les nota entusiasmados con la incorporación al oficio de los hombres, la dichosa paridad, ahora en esto, como mecanismo para lograr la igualdad. ¿Se aceptaría que la esclavitud, por tan antigua como el mundo, solo necesitaba regulación?, por esos mecanismos sociológicos perversos que articulan las relaciones humanas, la abolición fue un disgusto para muchos esclavos, y muchas prostitutas no quieren dejar de serlo, lo hacen voluntariamente, dicen los defensores del oficio. ¿Podemos sostener sinceramente, dejando por un momento a un lado el progresismo hipócrita e interesado, que lo hacen voluntariamente, como una elección laboral más?. En una sociedad moderna con una efectiva igualdad de oportunidades educativas, sociales y laborales, ¿puede plantearse como trabajo digno aquel que consiste en vender sexo, aun de forma regulada, desligado del deseo de su propietaria y solo sostenido en el del que lo compra?. Porque en el acto del hombre que paga el servicio me cuesta ver un acto libre que se se cruza con el acto libre y consentido de otro ser humano, que mantiene su dignidad sexual y emocional a salvo en la transacción de un bien. Más bien veo un acto de poder masculino, el poder que ese hombre quizás no tiene  sobre sí mismo, trasladado a la posesión del cuerpo de una mujer  que, en el mejor de los casos, ha elegido ejercer ese oficio, pero no desea cada uno de los intercambios sexuales que lo integran. Nadie la  obliga, y yo le pago. Suena más a mercado que a libertad.

No reacciono a tiempo, y no le pregunté a este defensor convencido de la prostitución como trabajo digno, si aceptaría de tan buen grado esta opción laboral para sus hermanas, o su mujer (sólo es un trabajo). Y pienso en cuántos hombres viven a la vez en un mismo hombre, inteligente y sensible.

 

 

 

1 comentario en “Sexo y mercado”

  1. Estoy de acuerdo con el artículo. No podemos decir que sea un servicio como otro cualquiera porque no lo es. Está supeditado a la necesidad de alguien de comerciar con su cuerpo para conseguir un bien. Luego la persona no lo hace con voluntariedad. Habrá casos puntuales que se puedan discutir por aquello de ser un dinero fácil pero estoy seguro que más del 95% de los casos es así. No en vano es entregar lo más valioso que tiene uno (el cuerpo) a otra persona que desconoces. Sin embargo creo que no podemos ignorar su existencia. Y que una mujer, por las razones que sean, quiera ejercerla. No vería mal tener un censo y hacer un seguimiento. Quizá eso ayudaría a que salieran de ese mundo. Tampoco vería mal que cotizaran por la cantidad de dinero que se puede mover, trabajadores sociales que hablasen con ellas e intentar buscar solución a sus problemas. No hay que cerrar los ojos a una realidad existente y que hay que afrontarla.

    Tampoco me gustan lo que se hace en el barrio rojo. Cuando estuve ví como que es algo permitido y controlado. También es verdad que no ves chicas holandesas (más bien son del Este de Europa). Ves que es algo consentido por el país, que en el fondo lo que esconde son las divisas que entran gracias a la prostitución y a las drogas. Es irónico la cantidad de dinero de turistas que entran gracias a la prostitución y las drogas y la sensación de prepotencia que me transmitían los holandeses.

    Un gran artículo América. Felicidades

    Oliver

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