Equilibrio

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El hombre anciano nos habló tras cruzar la verja de la residencia, como si llevara un tiempo esperando a alguien a quien decirle aquello. Lo dijo mucho antes que su nombre, Salvador: Cuando llega un pensamiento negativo hay que buscar otro positivo (para equilibrar, pensé yo). Luego dijo que conviene acercarse a buenas personas porque estas alegran (equilibran, pensé yo) y las otras destruyen. Y añadió, “el mundo sí funciona, porque si en un lugar algo se destruye, a la vez en otro algo se arregla o se crea” y yo volví a pensar en que la armonía está compuesta de complejos, casi siempre frágiles, equilibrios.

Antes de salir de allí una enfermera simpática y culta nos habló de ruinas románicas en León, de su catedral gótica, y nos enseñó unas fotos de las vidrieras que nada tienen que envidiarle a Notredame, dijo él, al que la enfermera se refirió como mi marido y no corregimos. Nos deseó un feliz domingo a los tres, y salimos  para hacerle el domingo distraído a ella, antes de llevarla de nuevo a la residencia. Es solo temporal, hasta que se recupere, en realidad todo lo es.

Cuando él subió al barco que lo lleva a otra isla para trabajar cada lunes, tomamos tila al lado de un lago artificial que a ella le pareció una playa. Luego prometió que esta semana sí se bañaría en la piscina.

Ya en el coche, un hombre se negó a dar marcha atrás porque el bloqueo de la entrada al recinto “no fue su culpa”, un ejemplo de quien no está dispuesto a equilibrar, pensé.

 

 

 

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