Sábado

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La biblioteca está en un Convento Franciscano del siglo XVII que se ha incendiado dos veces, y derrumbado una, en 1963. Hay una placa con los nombres  de las 23 personas muertas en el derrumbe y suele haber flores en su memoria. Todas habían ido aquel día a tramitar su documento de identidad.

Es sábado, he llegado a las nueve para sustituir a la bibliotecaria. Las puertas son de madera maciza y pasadores de hierro, las llaves son largas, pero todas abren fácil y suavemente, sin trucos. Los cipreses del patio dejan que el sol les ilumine la sobriedad en la que guardan lo que han visto pasar, quedarse, irse. Y el agua de la fuente central mana a un ritmo perfecto.

Abro “Así empieza lo malo” de Javier Marías, y leo “el mundo, con su débil rueda, lo incorpora a uno (….) y lo arrastra desganadamente, pues es vieja y ha triturado muchas vidas sin prisa a la luz de su holgazana vigía, la luna fría que dormita y observa con solo un párpado entreabierto, se conoce las historias, antes de que acontezcan”.

Cierro el libro para gestionar préstamos y devoluciones, alguien me pregunta por una guía de viajes de Tokyo, irá con su mujer en noviembre.

Los cipreses, como la débil rueda del mundo, nos ven pasar, reír, tropezar. Y los imagino mirándonos con una sonrisa tranquila, lamentándose  por no poder contarnos todo lo que saben.

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