Borrado (no borrar)

imagen séptimopiso

Quería enseñarle lo que había escrito sobre ella y el tiempo que vivimos juntas. Antes de que entrara en el hospital para operarse. Pero no había nada, el archivo estaba borrado. Todos los técnicos dijeron que habían hecho lo posible. Después de que saliera del hospital visité a mi tía dos o tres veces. Todas me regaló algo.
Mientras corro con ropa fluorescente por una avenida, pienso en la idea imposible de volver a escribirlo. En el desánimo de la hoja en blanco.
Me apoyo a recuperar el pulso en el balaustrado que da a la iglesia. La virgen entra rodeada de cirios encendidos por hombres y mujeres de negro . El reloj marca las nueve y cinco. La música de la banda, las imágenes y la solemnidad muestran el lado bello de una fe más amenazadora que indulgente.
De vuelta a una casa que no es la mía sigo a mujeres con medias negras, un hombre viejo con corbata y piernas deformadas que le hacen caminar guardando una frágil cadencia pendular y algunos jóvenes con los papeles y su instrumento bajo el brazo.
La puerta del edificio se abre por el vecino árabe que por la tarde me hizo hueco en la azotea para tender la ropa. Va a rezar a su salón de oración, a cien metros de la Iglesia. Con esa facilidad discurren en paralelo miles de existencias anónimas. En discreta armonía.
Llamo a este archivo “borrado (no borrar)”.

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