Espejos

2017-11-20-PHOTO-00000412

En la pared de la escalera que subo hay varios espejos en los que solo puedo ver un trozo de mi cara. Molduras recargadas, doradas, y cristales pequeños. Busco  otro espejo en el que  también he pensado en  las últimas semanas, estando despierta. Lo recuerdo colgado en la entrada de esa casa que mi padre encargó a un constructor que se fue con el dinero, y luego fue hecha a trozos con otro dinero que mi padre tuvo que volver a ganar cambiando tapas de zapatos, primero, y haciendo cigarros Coronas, después.

Este espejo que busco es grande, se ovala estrechándose ligeramente hacia abajo y tiene un marco discreto. Apenas una cobertura de pintura dorada tapando el canto del cristal. Me enseñaría la cara entera y el cuerpo hasta la cadera. Al volver de una cita o de una fiesta, daba el visto bueno para el examen de corrección paterno que esperaba en la planta alta. No está en su sitio en esta versión de la escalera a la que la mente de más adentro de mi mente ha querido llevarme  cuando duermo y mi voluntad no puede negarse. Ha querido que solo pueda verme por partes. Puede haber querido que me detenga, que haga mi propia corrección, la que no haría mi padre, de manera precisa. Los ojos, los pómulos, los dientes, los lunares. Quizás otra noche me deje ver todas las piezas que me forman juntas, en el espejo que busco, y  que recuerdo despierta y quiero pedir a mi padre para colgar en mi casa. Pero esta noche, anoche, solo hubo espejos pequeños.