El propio juicio

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Pienso hace un tiempo sobre la falta de entrega a pensar por uno mismo. En la supuesta era del “sé tú mismo”, resulta que todo nos intenta llevar a lo contrario, “adhiérete a lo que has leído o escuchado y no te molestes en analizarlo”. Y el intento da más frutos que pérdidas. A veces pienso si al ponerme nerviosa por lo que me preocupa el tema llego a exagerarlo, y en esto, de pronto he encontrado por un momento  apoyo y tranquilidad en algunas cosas mientras  leo El cuaderno dorado, de Doris Lessing. En el prefacio, escrito en 1971, la autora mientras  critica el sistema educativo de un país que no desvela, se dirige a un niño o niña hipotético y dice: Os educan personas que han sido capaces de habituarse a un régimen de pensamiento ya formulado por sus predecesores. Se trata de un sistema de autoperpetuación. A aquellos de vosotros que sean más fuertes e individualistas que los otros, les animaremos para que se vayan y encuentren medios de instruirse por sí mismos, educando su propio juicio. Los que se queden deben recordar, siempre y constantemente, que están siendo modelados y ajustados para encajar en las necesidades particulares y estrechas de esta sociedad concreta.

Sabiendo como puede saberse al leer a la autora, que al decir “individualista”  no se refiere a la perversa acepción neocapitalista que encaja con  el do it yourself,  al que lo menos que le interesa es que hagas nada, sino que tengas claro que solo te tienes a ti mismo, y que cuando alude a los que se vayan, tampoco se refiere a la versión reductiva de que desplazarse físicamente hace por sí solo nada en la mente de nadie, sino que se refiere a irse mentalmente del sistema ideológico predispuesto, las palabras leídas me producen un confort que necesitaba sentir sobre esto.

Y es que a veces tengo una especie de pesadilla despierta en la que imagino que solo es posible discutir con alguien sobre un tema utilizando frases hechas, tópicos, obviedades  y lemas. Juro que llego a agobiarme mucho pensándolo. En esa realidad que imagino no es una opción pensar un momento sobre lo que se habla, reflexionar y mirar al fondo del tema, entregarse un solo momento y sin límites al análisis con los medios únicos con los que cada ser humano cuenta. La angustia aumenta cuando pienso que expresar esta preocupación hará  probable que se me acuse de esnob. Por suerte, he conseguido que esto último me dé igual y aquí estoy escribiéndolo.

La estrechez mental parece cómoda, la reducción, un truco que acorta caminos, pero ni el do it yourself, ni el deséalo fuerte y lo conseguirás, ni ninguna falacia más de la psicología neoliberal está destinada a hacernos crecer como dicen, sino a lo contrario. Sin el propio juicio, no es posible el progreso.

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